domingo, 6 de septiembre de 2009

Cañadas del Teide

El Teide esta formado por varios volcanes que se han ido superponiendo. Destaca Chahorra o Pico Viejo con un cráter de 800m de diámetro a 3.100 m. de altitud, y el Polón, en que culmina la montaña de 3.717 m. y cuyo cráter, de 80 m. de diámetro, así como laderas presentan actividad residual en forma de "solfataras" (el gas que emiten sale a 86ºC). El Pilón, de solo 150 m. de altura, se yergue sobre la Rambleta, un antiguo cráter de 850 m. de diámetro. La antigua caldera, Las Cañadas, se encuentra rellena por toda clase de materiales volcánicos, y en la actualidad constituyen un abigarrado paisaje donde las coladas de lava forman a veces extensos campos rocosos llamados "Malapaíses" o "Volcán", otras caen laderas abajo originando largos corredores, o asoman sobre otros volcanes o coladas más antiguas en forma de lenguas. Las lavas o escorias volcánicas presentan distintos colores, del oscuro casi negro rojizo. Ello se debe a la oxidación que sufre el manganeso con el tiempo, pudiéndose decir, por regla general, que las lavas más jóvenes son aquellas más oscuras (si tienen manganeso).

Icod de los vinos

Historia

Comenzó a edificarse a finales del siglo XV y se fue definiendo a lo largo del tiempo según las necesidades particulares y sociales de cada momento.

Antes de que se produjera la conquista de la isla, Icod era uno de los núcleos de población guanche más importantes de Tenerife. Después de la conquista siguió siendo también uno de los más destacados sobre todo por sus cultivos de la caña de azúcar y más tarde el cultivo de la vid.

La población se empezó a asentar en la zona actual de Las Angustias debido a que se encuentra en el entorno del barranco de “Caforiño”, en donde emanaba gran cantidad de agua durante todo el año, la cual hizo que los habitantes de Icod conocieran este lugar como el río de Icod.

Don Alonso Fernández de Lugo, el conquistador de Tenerife, construyó un ingenio azucarero en las proximidades favoreciendo a la economía de la ciudad, lo que la hizo una de las principales en cuanto al cultivo de este producto. Icod se situaba ya entre las grandes potencias de Tenerife, junto a Garachico,donde a través del puerto de esta localidad obtuvo un gran desarrollo económico, San Cristóbal de La Laguna, La Orotava y en menor medida Santa Cruz de Tenerife.

Actualmente, el casco antiguo de la ciudad ha sido declarado Bien de Interés Cultural debido a su importancia histórica y que hoy acoge una zona comercial, complementarias a las existentes en la isla baja "Isla Baja".

El Incendio de 1798

El 2 de mayo de 1798 tuvo lugar el incendio más grave de la historia de Icod. Tuvo su comienzo en la celda de una monja bernarda por haber dejado unas brasas encendidas. En dos horas y media el fuego redujo a cenizas a más de 20 edificaciones. Hubiera devorado el pueblo entero si no se hubiera atajado el fuego demoliendo algunas casas más apartadas. Se escapó de él, pese a su proximidad, la parroquia de San Marcos. Sin embargo, sucumbieron las casas consistoriales, con el pósito, carnicería y cárceles.

Se reconstruyó la población según el trazado de Antonio Guillermo Rodríguez y Luís Madero, pero el nuevo edificio de la corporación, terminado en 1803, no se construyó con la solidez del antiguo ante la falta de recursos. El convento de las bernardas no se volvió a construir, quedando como un solar. A principios del siglo XX, al suprimirse la calle que pasaba junto a la cabecera del templo, se levantó, en el lugar del convento, el Parque Andrés de Lorenzo Cáceres.

Monumentos y lugares de interés

El casco histórico de Icod lo forman: La Iglesia Matriz de San Marcos, La Plaza Andrés de Lorenzo Cáceres, Plaza de la Pila, Convento de San Francisco, Casa - Museo Emeterio Gutiérrez Albelo, Iglesia de San Agustín, Casa de los Cáceres, Ermita de San Antonio de Padua y Ermita de las Angustias.

Drago milenario

En Icod se encuentra un enorme ejemplar de drago (Dracaena draco) declarado Monumento Nacional en 1917. Se le atribuye una edad de miles de años aunque ningún estudio ha podido confirmar tal longevidad, siendo más probable que la planta tenga unos cuantos cientos de años. Este drago constituye el símbolo de Icod, como se puede apreciar en el escudo de armas del pueblo. En el entorno del drago existe un parque que exhibe distintas especies vegetales,y que aportaun importante recurso económico a la administración local. endémicas de Tenerife.




Puerto de la Cruz, castillo de San Felipe

El castillo fue uno de los cuatro fortines que en la antigüedad defendieron la ciudad. Comenzó a construirse en 1599 en una zona en la que se disponían dos lánguidas plataformas dotadas con pequeños cañones que ya habían demostrado su eficacia al rechazar un ataque pirata perpetrado por cinco navíos. La construcción del fortín concluyó a principios del siglo XVII, concretamente en 1604, y desde entonces sirvió como base defensiva ante posibles corsarios que buscaban refugio en el embarcadero del Puerto. Entre los primeros alcaides que estuvieron al frente del castillo se encuentran el capitán Juan Antonio de Franchy, nombrado en 1644, Diego Benítez de Lugo, Lorenzo Perera de Ponte, Alonso Calderón, Benito Viña, Juan Francisco de Ponte y Carlos Franchy. Con el nombramiento, en 1725, de José Agustín Machado Espínola se cierra la lista, de un total de cincuenta alcaides, según recoge el historiador Pinto de la Rosa en su obra Apuntes para la Historia de las Antiguas Fortificaciones de Canarias. En el siglo XIX fue reformado pues el transcurso del tiempo lo había deteriorado. En 1878, se procedió a desartillarlo y fue entregado al ayuntamiento con el objetivo de destinarlo a labores de enfermería y lazareto. Finalmente, en 1924, se declaró inadecuado para las necesidades del Ejército y fue clausurado.

Se halla situado a unos 900 metros del casco urbano, en la costa de Puerto de la Cruz, en la desembocadura del barranco de San Felipe del que toma el nombre. En su entorno se localiza Playa Jardín.

El castillo de San Felipe destaca entre todos los erigidos en su época en Canarias por ser de un refinado estilo colonial. Construido de mampostería, tiene un perímetro de forma pentagonal y, aunque en un inicio lo rodeaba un foso y disponía de un puente levadizo, fue sustituido más tarde por una pasarela fija. Contaba originalmente con dos plantas, habilitada la segunda para alojar a unos 35 soldados aproximadamente. Estaba equipado con tres cañones de hierro, dos de 24 libras y otro de 16. La apariencia con que luce hoy en día el castillo responde a la reforma efectuada en el siglo XIX.

Además de baluarte defensivo, a lo largo de su historia ha sido lazareto, enfermería, ciudadela, depósito, sociedad de tiro y restaurante. A finales del siglo XX se acometió por parte del consistorio portuense una profunda remodelación que transformó el recinto en centro cultural municipal y escenario para conciertos musicales y exposiciones artísticas. A apenas unos 50 metros del castillo se conserva el antiguo almacén de pólvora o Polvorín.


Castillo de Garcimuñoz












Tuvo en tiempos dos plantas más la baja, dispuestas en torno a un patio central o patio de armas. En la primera planta destacan troneras de última época, denominadas de cruz y orbe. En el segundo piso de su lado Noroeste destacan cinco ventanas góticas con forma de cruz. Tanto en los lienzos como en los cubos posee el clásico cordón o bocel decorativo, característico de las fortificaciones del siglo XV.

Las ventanas del primer y del segundo piso en sus alas Noroeste y Suroeste dan testimonio de que una parte del castillo tuvo finalidad palaciega.

La portada, que es una joya entre los castillos de España, está hecha con sillares. Su estilo es gótico isabelino y semeja un retablo de piedra tallada suspenso sobre el muro.


Levantado sobre un antiguo alcázar árabe, la historia del castillo de Garcimuñoz se encuentra estrechamente vinculada a la del gran Señorío de Villena. Siendo este castillo junto al de Alarcón, Chinchilla y Villena los baluartes defensivos más importantes del Señorío.

Por el castillo de Garcimuñoz han pasado nombres tan célebres como Don Juan Manuel, sobrino de Alfonso X el Sabio, nieto de Fernando III el Santo y autor de El conde Lucanor, quien residió en la fortaleza durante buena parte de la primera mitad del s. XIV. Pero el castillo alcanzó notoriedad eterna el día que, asaltando sus muros, cayó herido Jorge Manrique cuando luchaba contra el Marqués de Villena, en 1479, en una emboscada tendida por los habitantes del pueblo. Hombre de armas y letras, Jorge Manrique fue enterrado en el cercano monasterio de Uclés.